Por: Sofia Vannelli
Votar en Estados Unidos es una suerte de carrera de obstáculos: hay que poder llegar. Cada Estado o Distrito tiene sus reglas. Para poder votar hay que estar empadronado, y para eso se abre una inscripción; en algún Estado el padrón es único, en otro está dividido por tipo de votación: anticipada, por correo o presencial. La elección se realiza en un día laborable; si bien algunos empleos te dan unas horas para poder ir a ejercer el derecho cívico, los horarios pico suceden a la mañana bien temprano, en la hora del almuerzo o luego del horario laboral. Las boletas son largas: hemos visto algunas de hasta seis páginas, con cargos ejecutivos, legislativos y hasta judiciales, donde se mezcla la oferta electoral con una serie de preguntas o consultas populares; algunas implican decisiones presupuestarias y otras dividen aguas, como el aborto y el matrimonio igualitario.

No hay un órgano federal que homogenice las reglas aun para las categorías de cargos federales: la Constitución deja en manos de cada Estado la regulación del “tiempo, lugar y modo” de las elecciones, y así cada Estado es dueño de armar sus reglas, un auténtico rompecabezas que muestra, en nombre de la libertad, que pesa más la autonomía de cada Estado que la uniformidad federal. El cómputo de los votos no es informado por una junta electoral nacional ni por una agencia federal: el escrutinio oficial está a cargo de cada Estado y condado, mientras que la noche de la elección son los medios, a través de las distintas agencias, los que proyectan los resultados y cuentan cómo se pinta de rojo o de azul cada uno de los Estados.
El 2 de noviembre, víspera de la elección, la Corte Suprema de los Estados Unidos rechazó un pedido del Departamento de Justicia del gobierno de Donald Trump para que California separara, sin computarlas, unas 20.000 boletas de electores señalados como presuntos no ciudadanos.
Hubo Estados que aplicaron la conocida maniobra del gerrymandering, redibujando los distritos electorales a mitad de década y a último momento. Una maniobra que puede modificar las reglas del juego. El día previo, también se cortó la luz en Washington DC.
Campañas electorales centradas en las personas, sin efecto de arrastre, aunque sus bancas tengan anclaje partidario. El financiamiento privado tiene límites para los aportes directos a los candidatos y obligación de informar ante la Comisión Federal Electoral, pero el gasto de los llamados super PAC no tiene topes, y se observa una sorprendente preponderancia de apoyo desde ONG y fundaciones que también inciden en otros países de Latinoamérica. El financiamiento público federal existe solo para las campañas presidenciales y es optativo: quien lo acepta se somete a topes de gasto.
El día de votación transcurrió sin mayores complejidades: los centros que visitamos estaban bien organizados, señalizados y fiscalizados. Los dispositivos de control de padrón estaban conectados a la red, las urnas que escaneaban las boletas, funcionando, y las mesas de emisión de sufragio, distanciadas y resguardadas para garantizar el voto secreto. No hay veda: hay una distancia mínima hasta dónde los militantes de los partidos políticos pueden entregar información de cómo completar las largas boletas con múltiples cargos y consultas.
En nuestro patio, ¡no! [“not in our back yard”]: una discusión a flor de piel, sobre los centros de datos que alimentan a la inteligencia artificial. «Hoy la vida está cara, el acceso a un trabajo de calidad ha mermado mucho, no tengo acceso al seguro médico, los impuestos están muy altos, la vivienda está muy difícil, el precio de los alimentos importados subió mucho por los aranceles aplicados, el aumento del combustible por la guerra en el Medio Oriente»; fueron relatando los distintos ciudadanos, ciudadanas y residentes estadounidenses. Se siente cómo afecta la retracción de las políticas de asistencia a la población.

Sin dudas, una gran elección por parte del Partido Demócrata, que ha ganado la mayoría en ambas cámaras del Congreso, con representantes con perfiles muy interesantes e impensados, como el caso del senador electo Abdul El-Sayed (Michigan), primer musulmán electo al Senado, del senador electo Chris Pappas (Nuevo Hampshire), primer hombre abiertamente gay electo al Senado, en Texas la gobernadora electa Gina Hinojosa, primera latina en ese cargo y primera demócrata desde 1995 y tantas otras voces femeninas. Se vienen tiempos de cambio en las agendas y vamos a estar atentos a lo que propongan estas voces.
Pero el cómputo de los votos aún no está cerrado: algunos distritos todavía tienen por delante al menos 10 días para la apertura de sobres por correo y el cotejo de los votos provisionales que se incorporaron el día de la elección por reclamos de los ciudadanos que no fueron inscriptos o fueron eliminados del padrón, o de aquellos que se presentaron a votar y se encontraron con que ya figuraban como votantes por correo. Un porcentaje que pareciera que no debería afectar las actuales tendencias.
En esta elección muchos ciudadanos y ciudadanas saltaron los obstáculos y fueron a votar. Contra todo pronóstico, llegaron, y con una decisión: fijar un límite, un cambio de rumbo. ¿Pero decidirá Trump escuchar el pedido expresado por su pueblo en las urnas?
Bibliografía sugerida
Griffith, E. C. (1907). The Rise and Development of the Gerrymander. Chicago: Scott, Foresman and Co.
Hasen, R. L. (2012). The Voting Wars: From Florida 2000 to the Next Election Meltdown. New Haven: Yale University Press.
Keyssar, A. (2009). The Right to Vote: The Contested History of Democracy in the United States (ed. rev.). Nueva York: Basic Books.
Levitsky, S. y Ziblatt, D. (2018). Cómo mueren las democracias. Barcelona: Ariel.
Nohlen, D. (2004). Sistemas electorales y partidos políticos (3.ª ed.). México: Fondo de Cultura Económica.
Norris, P., Cameron, S. y Wynter, T. (eds.) (2018). Electoral Integrity in America: Securing Democracy. Nueva York: Oxford University Press.
Jurisprudencia: Citizens United v. FEC, 558 U.S. 310 (2010); Rucho v. Common Cause, 588 U.S. 684 (2019).
Normativa: Constitución de los EE. UU., art. I, secc. 2 y 4; Help America Vote Act de 2002 (52 U.S.C. § 20901 y ss.).





